Ya sea en las plataformas digitales o en las conversaciones cotidianas, es probable que hayas oído hablar de los centros de datos, un tema que incluso ha resonado entre los candidatos en estas elecciones de medio término. Mientras que algunos celebran su llegada, otros se oponen firmemente.
Pero, ¿de qué se trata realmente esta infraestructura?
Estas instalaciones hacen posible que disfrutemos de nuestra rutina digital, desde maratonear series en plataformas de streaming hasta realizar pagos móviles, navegar por redes sociales o consultar a un asistente virtual. Todas estas acciones dependen de redes y computadoras albergadas en dichos espacios.
Aunque no son una novedad, en los últimos años su proliferación a lo largo del país ha encendido las alarmas entre los habitantes, quienes temen que se incrementen los recibos de la luz y se desabastezcan las reservas de agua. Ante esto, varios aspirantes a puestos públicos han exigido normas más estrictas, al tiempo que otros destacan los posibles retornos económicos.
Por su parte, el presidente Donald Trump ha manifestado su interés en expandir la presencia de estos centros en territorio estadounidense, contemplando incluso la renta de terrenos federales. Su administración está relajando las normativas del gobierno central para agilizar los permisos y fomentar la edificación de la infraestructura energética necesaria para sostenerlos.
A continuación, desglosamos qué son, cómo operan, qué papel juega la inteligencia artificial en todo esto y qué implicaciones tiene para las comunidades vecina la instalación de uno de estos complejos.
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Centros de datos: Conceptos clave
Bajo el concepto de “centro de datos” se engloban aquellos edificios destinados a albergar grandes concentraciones de equipos informáticos avanzados, sistemas de almacenamiento y aparatos de red. Estos recintos funcionan de manera ininterrumpida, las 24 horas del día y los 7 días de la semana, administrando y guardando la información vinculada a múltiples plataformas digitales y servicios en línea.
“Los equipos permanecen encendidos y trabajando de forma continua”, señaló Dimitrios Nikolopoulos, académico de ingeniería en Virginia Tech.
En promedio, un recinto de esta naturaleza abarca unos 100,000 pies cuadrados, una extensión similar a la de un Walmart Supercenter o una tienda Costco.
Estos complejos tienen una trayectoria de varias décadas. El pionero data de 1945 y resguardó la primera computadora programable a nivel mundial, creada para calcular trayectorias de artillería para el Ejército estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial.
En sus inicios, estas estructuras se limitaban a manejar bases de datos, correo electrónico y portales web, consumiendo volúmenes de energía bastante moderados y fluctuantes a lo largo de la jornada, indicó Nikolopoulos. En contraste, las instalaciones actuales demandan muchísima más electricidad debido a la abrumadora cantidad de información que manejan cotidianamente.

Fotografía de 1946 de ENIAC, un dispositivo electrónico de 30 toneladas ubicado en la Universidad de Pensilvania. Hacia los años 80, la Sociedad Nacional de Ingenieros Profesionales catalogó a ENIAC entre las 10 innovaciones de ingeniería más sobresalientes del último medio siglo. (AP)
¿Qué recursos consumen los centros de datos para operar?
En esencia, los servidores dentro de estos edificios requieren un suministro constante de electricidad para funcionar y sistemas de refrigeración basados en agua para disipar el calor y evitar fallas por sobrecalentamiento.
Mientras que un centro enfocado en inteligencia artificial puede gastar anualmente tanta energía como 100,000 hogares, los proyectos más ambiciosos en desarrollo exigirán hasta 20 veces esa cantidad, de acuerdo con proyecciones emitidas en 2025 por la Agencia Internacional de Energía.
Durante 2024, estas instalaciones a nivel global requirieron cerca de 415 teravatios-hora, lo que equivale aproximadamente al 1.5% de la demanda eléctrica mundial, según el mismo organismo.
Por otro lado, el Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley advirtió en un informe publicado en junio que, rumbo a 2030, el requerimiento energético de estos complejos absorberá entre el 9.5% y el 15.3% de la electricidad total en Estados Unidos.
Para su enfriamiento, estos sitios suelen emplear agua dulce proveniente de redes municipales (descartando opciones como el agua salada, la cual corroe los componentes debido a los residuos minerales que deja al evaporarse).
Para lograrlo, los edificios se equipan con potentes aires acondicionados, ventiladores industriales y redes de tuberías con líquido refrigerante destinadas a contrarrestar el intenso calor que emiten los equipos al trabajar sin pausa.

Terreno destinado a un futuro centro de datos en las inmediaciones de Abernathy, condado de Hale, Texas, captado el 18 de julio de 2026. (AP)
El vínculo entre la inteligencia artificial y el auge de los centros de datos
La inteligencia artificial capacita a los sistemas informáticos para ejecutar funciones cognitivas similares a las humanas, tales como interpretar entornos, razonar y resolver problemas. Para lograrlo, los modelos de IA necesitan ser entrenados con volúmenes colosales de datos.
“Las herramientas digitales del día a día —como la banca en línea, los servicios de salud, la nube, el entretenimiento y los sitios web— dependen de servidores remotos centralizados en centros de datos”, explicó por escrito Ke Xu, profesor del Rochester Institute of Technology especializado en hardware de IA de alta eficiencia energética. “No obstante, la inteligencia artificial ha alterado drásticamente tanto la magnitud como la naturaleza del procesamiento, elevando la intensidad con la que la población general utiliza estos recursos”.
De acuerdo con Xu, si bien una plataforma de comercio electrónico demanda una capacidad computacional moderada por cada visita, entrenar un modelo avanzado de IA exige poner en marcha miles de procesadores especializados de manera simultánea durante lapsos prolongados, una exigencia que se multiplica cuando millones de usuarios exigen respuestas instantáneas.
¿De qué manera impacta un nuevo centro de datos a las comunidades locales?
Quienes defienden estas construcciones aseguran que estimulan la economía al crear plazas temporales en obras y electricidad, además de empleos fijos para técnicos y personal administrativo. Asimismo, aportan recursos sustanciales a las arcas municipales y estatales mediante impuestos prediales y comerciales.
No obstante, una encuesta de alcance nacional realizada en julio por encargo de Americans for Responsible Innovation —una organización enfocada en la protección al consumidor frente a los riesgos de la IA— reveló que las principales inquietudes de los votantes se centran en el uso intensivo de agua, el otorgamiento de subsidios fiscales y el encarecimiento de la tarifa eléctrica.
De hecho, los precios residenciales de la luz han ido al alza en los últimos cinco años, y la alta demanda de estos complejos figura como un factor determinante en regiones específicas.
Diversos medios informativos han documentado además las molestias vecinales derivadas del ruido constante que emiten estas instalaciones. Habitantes en Virginia, Míchigan y Wisconsin han denunciado la presencia de un zumbido perpetuo. Un reporte de The New York Times señaló que parte de estas emisiones corresponden a ondas sonoras de frecuencia ultrabaja que, aunque imperceptibles para el oído humano, generan vibraciones físicas capaces de provocar trastornos crónicos del sueño e insomnio en los vecinos.
¿Dónde se ubican los centros de datos actuales y hacia dónde se expanden?
Actualmente operan más de 3,000 complejos de este tipo en el país, concentrados mayoritariamente en entornos urbanos, según datos del Pew Research Center. Sin embargo, más de la mitad de las nuevas construcciones proyectadas se instalarán en zonas rurales.
Se prevé la apertura de más de 1,900 instalaciones nuevas a nivel nacional de aquí a 2034, con cientos de ellas concentradas en los estados de Virginia y Texas.
Hacia mediados de agosto, algunos de los complejos más grandes en funcionamiento se localizaban precisamente en Texas, Arizona, Wisconsin y Tennessee, conforme a registros de la firma de análisis Cleanview. Las megaestructuras superan el millón de pies cuadrados, una superficie equiparable a 17 canchas de fútbol americano.
Gigantes tecnológicos como Amazon, Microsoft, Google y Meta poseen este tipo de infraestructura en todo el país, al igual que firmas inmobiliarias dedicadas a arrendar el espacio a terceros.
La preferencia por estados como Virginia y Texas responde a que ofrecieron incentivos atractivos o contaban con una red de servicios preexistente que facilitaba el desarrollo de los proyectos.
Nikolopoulos explicó que el norte de Virginia fue pionero al albergar físicamente MAE-EAST, el primer nodo de intercambio de tráfico comercial de internet, dotando a la región de una infraestructura de conectividad robusta y barata que permite a cualquier edificio nuevo enlazarse con cientos de redes locales con facilidad.
«Por su parte, Texas compitió bajo otras ventajas», apuntó el especialista. “Puso a disposición extensiones de terreno, reducciones fiscales, una enorme capacidad de generación energética y un sistema de interconexión más ágil”.
No obstante, el 3 de agosto el gobernador republicano de Texas, Greg Abbott, decretó una suspensión temporal en la autorización de nuevos proyectos hasta que las dependencias estatales auditen su consumo real de agua y electricidad, verifiquen sus exenciones fiscales y evalúen los métodos de enfriamiento que planean implementar.
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Nota del editor: Este texto fue adaptado al español a partir de la versión original en inglés mediante herramientas de traducción automatizada, siendo posteriormente revisado y pulido por el equipo periodístico bilingüe para garantizar su exactitud y fluidez.